Aceptar que debo dejar a mi bebé para trabajar
- Michelle Matias
- hace 5 días
- 4 min de lectura
Desde los inicios de mi vida profesional siempre estuve consciente de que, cuando tuviera un bebé, me tocaría tomar una licencia de maternidad y luego regresar al trabajo dejando a mi hijo al cuidado de alguien más. Es la realidad que vivió mi mamá y la misma que he visto vivir a amigas, compañeras y colegas a lo largo de los años.
Pero una cosa es saberlo y otra muy distinta es vivirlo.
Desde el momento en que supe que sería mamá, había una pregunta que no dejaba de rondar mi cabeza: ¿Cómo voy a alejarme de un bebé tan pequeño que depende completamente de mí?
Ese pensamiento me acompañó durante todo el embarazo y también durante gran parte de mi licencia. Intentaba no obsesionarme con ello y enfocarme en disfrutar cada etapa, pero la fecha del regreso siempre estaba ahí, acercándose poco a poco.
No voy a mentirte: fue difícil.
A medida que se acercaba el momento, lloré mucho. Pensé demasiadas cosas. Y, por supuesto, pensé en renunciar. Porque, seamos honestas…
¿Qué mamá no lo ha pensado?
Pero en mi realidad actual, dejar de trabajar simplemente no es una opción.
No sé si fue porque tuve meses para prepararme mentalmente o porque el ser humano tiene una capacidad increíble para adaptarse a las circunstancias. Lo que sí sé es que, después de atravesar los días más difíciles, llegué a una conclusión que me costó mucho aceptar:
No me siento culpable por dejar a mi bebé para ir a trabajar.
Uffff! Sí, lo dije.
Y qué bien se siente escribirlo.
Quiero aclarar algo para que no haya malos entendidos.
Si estuviera en mis manos quedarme en casa criando a mi hijo, viéndolo crecer cada día y acompañándolo en cada momento, probablemente lo haría feliz.
Pero esa no es mi realidad.
Y no puedo vivir sintiéndome culpable por una expectativa de vida que no corresponde con la que tengo.
No me siento culpable porque sé que, si tuviera la posibilidad de no trabajar, lo haría. Y también sé que si hoy trabajo es porque estoy haciendo lo mejor que puedo por mi hijo y por nuestra familia.
Me tomó tiempo llegar a este lugar de paz.
Después de encontrar una persona y un espacio en el que confiar para su cuidado (de eso hablaremos en otra publicación) y después de superar esos primeros días que fueron extremadamente difíciles, entendí algo que nunca imaginé:
No es tan malo como pensaba.
Hay días en los que me cuesta más.
Días en los que quisiera quedarme abrazándolo en la cama toda la mañana.
Días en los que despedirme duele.
Pero entonces recuerdo que está en un lugar donde lo quieren y lo cuidan. Lo veo feliz, jugando, aprendiendo y disfrutando con otros niños. Y verlo feliz también me da tranquilidad.
Reconozco que parte de esta experiencia ha sido posible porque cuento con un empleador que me permite seguir siendo mamá mientras desarrollo mi carrera profesional. Y eso lo agradezco profundamente.
Porque para mí existe una diferencia enorme entre trabajar y abandonar tu maternidad.
Yo trabajo. SI. Pero mi hijo sigue siendo el centro de mi vida.
Cuando termina mi jornada, lo único que quiero es correr a buscarlo. No tengo demasiada vida social después del trabajo. No porque alguien me obligue, sino porque genuinamente quiero aprovechar el tiempo que tengo con él.
Y que conste: si un día decido salir, tomar un café con una amiga o hacer algo para mí, tampoco pasa nada.
Porque ser una mamá presente no significa desaparecer como mujer.
Hay algo que me llama mucho la atención de nuestra sociedad: pareciera que las madres estamos destinadas a sentir culpa por todo.
Si trabajas, culpa.
Si no trabajas, culpa.
Si te cuesta dejar a tu bebé, culpa.
Y si no te sientes culpable, también culpa.
La sociedad NO PUEDE determinar mi valor como madre.
Yo sé quién soy cuando estoy con mi hijo.
Sé cuánto lo amo.
Sé cuánto me esfuerzo.
Sé que estoy haciendo lo mejor que puedo con las herramientas que tengo hoy.
El vínculo entre una madre y su hijo no lo rompe un horario de oficina.
No lo rompe una jornada laboral.
No lo rompe una guardería.
No lo rompe una reunión.
Mi hijo me ama.
Lo veo en sus ojos cuando me busca.
Lo siento cuando me abraza.
Lo confirmo cada día.
Trabajar no es dejar de existir.
Trabajar no es dejar de maternar.
Trabajar no es abandonar.
Trabajar no te hace menos mamá, volver no significa soltar.
Si estás preparándote para regresar al trabajo y quieres mantener tu lactancia, creé la guía “Cuando toca volver”, donde comparto todo lo que me ayudó a navegar esta etapa: cómo crear un banco de leche, elegir un extractor, establecer una rutina de extracción, almacenar la leche correctamente y manejar la culpa que muchas veces acompaña este proceso.
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Recuerda: eres la mejor mamá para tu bebé. No permitas que nada te haga pensar lo contrario.


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